viernes, 14 de enero de 2011

BUK

Llegué a través de Sigue Leyendo a The Word Made Flesh: miré una foto, dos, tres, un montón.
Fuck them, pensé o dije. Y me fui a hacer el tatuaje que me -y le- debía desde hace años.
Salud!
Mi tío Hank
es tu tío Hank
es la muerte llegando como un tren de carga
es un payaso de ojos tristes
es el eje de tu auto y tus uñas y el grito de la montaña más grande
ahora

viernes, 24 de diciembre de 2010

RESULTADOS Y PERSPECTIVAS

No escribí casi nada. O mejor dicho, no escribí casi nada de ficción. Esto debería ir en el Debe.

Presentaron mi novela Lo que no fue en al Feria del Libro de la Habana, donde se vendieron 100 copias; acá en Buenos Aires salió mi cuarto libro, Postales Rabiosas y otros juguetes inesperadamente literarios; gané el Premio de Relatos Policiacos de la Semana Negra de Gijón con Ese nombre que fue publicado en A Quemarropa, Herederos del Kaos y Sudestada; apareció una nota sobre Lo que no fue en la revista de Casa de las Américas de octubre. Esto debería estar en el Haber.

Para el Debe: no conseguí editorial nacional a Lo que no fue ni editorial en absoluto (y no entró ni a placé en eniguno de los concursos en los que particpó) a Que de lejos parecen moscas; tuve que reconocer mi incapacidad para escribir dos de las ideas que tenía para novelas futuras.

Haber: el apoyo permanente de Carlos Salem y Leo Oyola, la invitación del Capitán Paco Ignacio, la parte que me toca de lo que está escribiendo Juan, el dialogo -todavía fragmentario y virtual- con Cristina Fallarás, Victor Redondo, Guillermo Orsi, Gaby Cabezón y Pedro de Paz.

Haber:
me contactaron de una editorial francesa para traducir Que de lejos parecen moscas. Debe: No salió porque tenía pocas páginas.

Cuando el Capitán estuvo en Buenos Aires no puede verlo, Debe. Lectores, algunos cuantos lectores nuevos, Haber.

¿Y hacia adelante? Pilas de apuntes para mi próxima novela, el proyecto de la revista Interferencia, la militancia en la Sociedad de Ecritores de Argentina, la Negra en julio.


Salud!

Buenos Aires, Diembre de 2010

sábado, 20 de noviembre de 2010

INCURSIONES EN EL SALVAJISMO DE LAS PALMERAS (o algunas cosas que no le importan a casi nadie)

1-
Corría el año 95, yo estaba fascinado –y así sigo- por la prosa oscura y perfecta de Juan Carlos Onetti, cuando apareció Confesiones de un lector, una recopilación de artículos que escribió en sus últimos años para algunas revistas españolas. Varios de los artículos de aquel libro versaban sobre su gran amor: William Faulkner, y especialmente de las infamias que se habían hecho al traducir las obras del genio norteamericano (JCO dixit).

2-
Faulkner era todavía un misterio para mí, que tenía 23 años y sólo había podido leer algún cuento policial, Santuario y El oso, una obra marginal dentro de su producción, un librito de tapas rojas editado por Anagrama. Nunca había podido, en cambio, avanzar demasiado con El sonido y la furia, aunque lo había intentado varias veces. Solía tirar el libro a la mierda mientras me preguntaba si en lugar de Benji, el idiota no seríamos el escritor o el lector, ya que no entendía un carajo de lo que estaba pasando pese a ir, digamos, por la página 40.

3-
Pero volvamos a las traducciones. Nos contaba Onetti que, por ejemplo, Light in August (Dar a luz en agosto) fue traducido como Luz de agosto o que Intruder in the dust (el intruso en la riña) se llamó El intruso en el polvo o que en varias versiones en español de The rievers (los ladrones) desaparecían los capítulos del prostíbulo de Miss Reba.
El último de los artículos del libro, Incursiones en Faulkner, termina diciendo:
Recuerdo que en una traducción firmada por Borges de Palmeras salvajes, en la parte llamada El viejo, se dice al final que el penado alto, luego de escuchar las peripecias que el Missisipi le impuso a su compañero de prisión, resumió su opinión en una sola palabra: mujeres.
Muchas veces, cuando me cuentan alguno de esos pequeños disturbios aldeanos provocados por alguna dulce señora o señorita, me he limitado a comentar la anécdota o chisme repitiendo: “mujeres, dijo el penado alto.”

Pero hoy, al documentarme muy severamente para escribir este artículo, descubro que la totalidad del comentario del penado alto fue:
- Women shit.
Con perdón de Borges.
Para los que no leyeron Palmeras salvajes: háganlo. Sólo diremos acá que tiene una de las mejores líneas de la literatura del siglo pasado:
- Yes, he thought, between greif and nothing I will take grief (Si, pensó, entre el dolor y la nada, elegiré el dolor).

4-
Faulkner escribió la novela corta Wild Palms en 1937, pero no quedó conforme con la historia tal y como estaba y decidió no publicarla. Al año siguiente creo la parte del penado alto -titulada Old Man, El viejo- y estructuró el libro con las dos historias, que se cuentan alternadamente sin rozarse salvo en los temas (el amor y el horror), y que fueron pensadas por el Gran Bill como un contrapunto que permitiera mantener la intensidad de la historia original.
El título del nuevo libro –con las dos nouvelles- iba a ser, según la voluntad de Faulkner, If I forget thee, Jerusalem (Si te olvido, Jerusalén) pero su editor, después de una ardua pelea, logró imponer Wild Palms como título general.

5-
Ahora volvamos a la sentencia final del penado (preso; convicto, en las palabras de Faulkner) alto y las interpretaciones.
Tengo dos ediciones en español del libro, las dos de Sudamericana, las dos traducción de Borges: una del ‘96 (según la primera edición argentina, de junio del ‘73), la otra de 2005. En la primera, como señala Onetti, la frase es:
- Mujeres, dijo el penado alto.
En la segunda, curiosamente, se agrega la palabra mierda. Lo que, supongo, dejaría mucho más conforme a mi bienamado Jotacarlos. Aunque, al margen de la mayor o menor literalidad, es claro que la traducción más correcta sería algo así como:
- Cosa de minas, dijo el convicto alto.
Pero el asunto no termina ahí. Resulta que en la primer edición norteamericana, de 1939, -pese a que a lo largo del texto hay otras palabras fuertes como prick o cunt, que no fueron censuradas- la línea final es:
- Women ------!, the tall convict said.
Por lo tanto, si asumimos que Borges trabajo sobre esta edición, es esperable y correcto que tradujera tan sólo Mujeres.
Con perdón de Onetti.

Buenos Aires, noviembre de 2010.

lunes, 1 de noviembre de 2010

LO QUE SUCEDIÓ. LO QUE PUDO HABER PASADO. LO QUE NO FUE (x Ingry González)

Reseña de "Lo que no fue" en la Revista Casa de las Américas (#259-260, octubre de 2010)

El Premio Literario Casa de las Américas 2009 otorgó mención a la novela Lo que no fue, de Enrique Ferrari, joven escritor argentino que tiene ya dos libros publicados: la novela Operación Bukowski, editada en 2004, y el volumen de cuentos Entonces solo la noche, publicado en 2008.

Esta es su segunda novela, que se desarrolla durante el transcurso de la Guerra Civil española. El protagonista, Miguel Di Liborio, es un argentino exiliado en Londres, hijo de padre italiano y madre polaca, que colabora en el Birmingham News. Allí, en la redacción del periódico, entre el humo de los cigarrillos y el repiqueteo de las máquinas de escribir, recibe una carta que anuncia la muerte de su mejor amigo en el frente de Atienza.

Esta noticia decide su viaje a España. Y Miguel Di Liborio –«periodista, fotógrafo, pugilista aficionado»–, se transforma en Miguel Echeverría –«miliciano, combatiente internacionalista, soldado argentino en la Cataluña revolucionaria».

El tema de la Guerra Civil española ha sido fragua para extraordinarias creaciones artísticas, ya sea en el campo de la literatura, la plástica o la cinematografía.

Son muestra de ello las obras de Luis Buñuel, Rafael Alberti, Antonio Machado, César Vallejo, Miguel Hernández, Ernest Hemingway, Pablo Picasso y tantos otros, comprometidos con una u otra ideología, que reflejaron la crudeza del conflicto, y en su totalidad comprendieron (asimilar esta palabra en todas sus acepciones) la Guerra Civil.

Esta novela de Kike Ferrari es otro capítulo más de esa gran obra colectiva. Es precisamente a partir de una fotografía de un artista valenciano, considerado uno de los iniciadores del fotoperiodismo en España, Agustí Centelles, titulada Barricada en la calle Diputación, que cuenta la historia del protagonista, uno de los tantos simpatizantes republicanos que vieron la guerra como un enfrentamiento entre «tiranía y democracia» o «fascismo y libertad».

La novela refleja las principales ideologías políticas de carácter revolucionario y reaccionario que entonces se disputaban en Europa y que entrarían en conflicto poco después: el fascismo, el carlismo, el constitucionalismo de tradición liberal burguesa y el Socialismo de Estado del Partido Comunista Español y la Komintern, y los diversos movimientos revolucionarios que convergían en la España de los años treinta: socialistas, comunistas, comunistas libertarios, anarquistas, y poumistas.

Estas profundas diferencias político-culturales que se simplifican en dos bandos: el nacional y el republicano, han permitido que el poeta Antonio Machado sintetice la visión de «las dos Españas»[2], dos señas de identidad, dos sensibilidades, que describen la fractura de España a lo largo de su historia.

Pero no crean que estamos ante una novela histórica. Para nada. La Historia con mayúsculas queda subsumida en las historias de Miguel. El eje es la esencia humana, los pensamientos más íntimos, las reflexiones vitales de los personajes, inmersos en una situación histórica determinada, y, al mismo tiempo, los juegos con los posibles pasados y presentes, donde se mezcla con agudeza, lo verdadero y lo imaginado, lo vivido y lo que a uno le hubiese gustado vivir.

De manera fragmentada se narran las varias historias que conforman la vida de Miguel: la primera y más importante, pues es el hilo conductor de la novela, es su participación en la Guerra Civil, segunda: su relación juvenil con una muchacha a quien sólo recuerda por las fotografías, tercera: su niñez en la casa de la calle Gascón, cuarta: su estancia en Nueva York y relación con Tina Modotti, y quinta: su adolescencia militante en Buenos Aires junto a sus amigos.

Intencionalmente he presentado las historias sin un orden cronológico, pues así se suceden en la novela. Kike Ferrari ha optado por iniciar en un momento trascendental de la vida de Miguel –lanoticia de la muerte de su amigo– y desde ese punto construir la historia siguiendo una estrategia discursiva laberíntica, pues los eventos se narran tanto hacia delante como hacia atrás, dilatándolos o comprimiéndolos en el tiempo y el espacio, de manera que la historia se teje a partir de sensaciones, recuerdos e imágenes que no se suceden en una continuidad, sino como chispazos de la memoria, siempre sujeta a trasmutación.

En palabras del autor: «mientras todavía haya vida –y miedo, deseo, odio– en tu cuerpo y sientas con entusiasmo y con rabia, con resignación y bronca todo lo que no sucedió, lo que pudo haber sido, pese a que la muerte en forma de balas silba a tu alrededor, vas a seguir transformándote, siendo otro y el mismo», intérprete de lo que sucedió, lo que pudo haber pasado, Lo que no fue.

Ingry González La Habana, 2010.


[1] * Enrique Ferrari: Lo que no fue, La Habana, Casa de lasAméricas, 2009. Mención en el Premio Casa de las Américas de novela

[2] «Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón», «Cantar LIII», Campos de Castilla.


domingo, 17 de octubre de 2010

LA LITERATURA -NO- ES UN COVER ETERNO (apuntes para un parricidio anunciado)

I
Si uno mira las dos fotos del reportaje a Andrés Rivera en el número 368 de Ñ
(16/10/10), podría anticipar un poco lo que va a encontrar en le texto. La primera es actual, quizá del día en que se hizo el reportaje; la otra ya es un clásico: Rivera parado en una escalera, junto a una ventana, sonriendo. Hay entre ambas fotografías unos cuantos años. Pero parece no importar, quizá porque Rivera se ha transformado en una repetición. Y lo decimos con dolor.

II
Nos venía pasando con sus libros. Los comprábamos, los leíamos, encontrábamos, claro, algunas páginas que nos recordaban que estábamos frente a un gran escritor, el mejor escritor argentino vivo, pero el resultado final era más bien decepcionante: Rivera está publicando -uno tras otro, a un ritmo frenético- unos libros que son como versiones de un plagiario de Rivera. Se transformó en su propio Danger Four, una banda de covers, una máquina de producir remakes de sí mismo.
En la entrevista dice que va a publicar dos novelas más (Kadish y SO4H2) y después se va a dedicar a leer a los otros. Dice, también, que aprendió más de Borges en una única entrevista que le hizo que de la lectura de sus libros y su poesía (sic). Habla de proverbios marxistas, de ser un escritor con las medallas colgadas de la chaqueta, del comunismo de Borges. Supone cosas como que es difícil pensar en una nación dirigida por Barak Obama a un Hemingway o qué les enseñan los maestros a los chicos en la escuela sobre la Revolución de Mayo. Y cuenta que es adicto a la televisión y suele escuchar invitados a TN para comprobar que la clase política ya no es lo que era y no sabe, ni siquiera, dónde poner las comas y los puntos de su discurso.
Pero también dice otras cosas. Y en esas cosas que dice, quizá haya que buscar una continuidad con las fotos repetidas, con los libros idénticos.

III
Rivera habla t
ambién -con sentencias o preguntas que esconden sentencias- de la literatura y el mercado editorial nacional.
Dos veces durante la entrevista Rivera reconoce que no está leyendo literatura argentina contemporánea. Para, a renglón seguido, afirmar que los escritores argentinos no tenemos nada para discutir, nada para enfrentarnos, nada para polemizar, no hay en el universo de los escritores fracciones como Boedo y Florida. O que cuando él
empezó a publicar existína las pequeñas editoriales (que al mes quebraban, dice) y que hoy, en cambio, la plaza editorial está ocupada por los sellos que provienen de España.
También se pregunta, nos pregunta, ¿quién habla hoy de Roberto Arlt?
Y a esta altura el cover de sí mismo -armado con el pesimismo ilustrado y la pregunta retórica con pretensiones filosas e incisivas- no sólo es aburrido sino que se pone reaccionario.

IV
Hace unos años, desde Juguetes Rabiosos (anoten el nombre) le pedimos a Rivera que nos escribiera un artículo sobre Juan Carlos Onetti. El artículo en cuestión, Faulkner en el Río de la Plata, terminaba preguntando -suponiendo que casi nadie- quiénes se acordaban de Onetti y Faulkner, omitiendo que, justamente, en una revista literaria de distribución gratuita hecha por escritores de entre 25 y 35 años estabamos recordándolos.
En esta misma cuerda, es que Rivera ahora se pregunta -le pregunta al entrevistador de Ñ,
nos pregunta- quién habla hoy de Roberto Arlt. Y ante la respuesta del periodista (Piglia, le dice) Rivera retruca: y cuando se muera Piglia, ¿quién va a hablar?
Entonces la pregunta sería, más bien, con quién dialoga Andrés Rivera desde el piso 12 de su departamento en el barrio de Belgrano.
Porque toda la llamada generación del 90 habla de Arlt. Porque Pablo Ramos, Fabián Casas, Ricardo Romero, Leonardo Oyola, Washinton Cucurto, Juan Terranova; todos hablan de Arlt y usan, con mayor o menor acierto, sus enseñanzas. Porque Juguetes Rabiosos revista para la que él escribió, le dedicó un número entero a Arlt, como también lo hizo Sudestada, uno de los emprendimientos culturales más interesantes del post-2001, en cuyas páginas Rivera es invitado habitual. ¿De qué cree Rivera que están hablando quienes armaron el 8vo Loco, una de esas
pequeñas editoriales que supone que ya no existen, cuando la bautizaron así?
Nadie habla de Arlt, dice Rivera.
No hay grupos como Florida y Boedo, dice.
Dice: ya no existen pequeñas editoriales.
Y es dable preguntarse si con estas posiciones estáticas y prejuiciosas no colabora, sin querer o queriendo, a invisibilizar a las nuevas generaciones de escritores que no conoce pero que existen y están laburando ahora mismo sobre su obra.
Y es muy difícil no pensar en su amigo José Luís Mangieri, que descubrió y editó escritores jóvenes hasta sus últimos días; cuesta no pensar en Ricardo Piglia, quién en una nota para Ñ (abril de 20o8) -recién llegado de Estados Unidos después de varios años de no vivir en el país- decía: traté de buscar y he estado viendo algunas revistas culturales muy interesantes, más o menos under como Odradeck, Esperando a Godot, Juguetes Rabiosos, Sudestada. Entré en contacto con ellos y tuvimos varias conversaciones.
Entonces la pregunta no es si alguien habla de Arlt o si los escritores argentinos tenemos cosas para discutir, sino quiénes son los que hoy, como escritor consagrado, Rivera considera sus otros. O la pregunta puede ser cómo sabe, cómo puede saber un hombre de 82 años que, detrás de sus medallas, decidió dejar de leer literatura argentina contemporánea, qué debates se están dando en la misma; cómo puede conocer a quienes están escribiendo, leyendo y pensando hoy.
La pregunta, muy en su estilo, es si Rivera esperará -desde el piso 12 del departamento en la calle Echeverría- que TN se lo cuente.

Buenos Aires, octubre de 2010.

sábado, 2 de octubre de 2010

"Ese nombre" en Sudestada #93

Además de notas sobre Sendero Luminosos, el arte de Oski y el Martín Fierro, entre otras, los amigos de la revista politico-cultural Sudestada (pueden espiarla haciendo click en la foto) publicaron en su número de octubre mi relato Ese nombre, acompañado por un hermoso dibujo de Ariel Tenorio.
¿Ya espiaron? Ahora cómprenla, tacaños, sale sólo 8 pesos.

Gracias, Walter

PRIMERÍSIMOS PASOS

(Con un poco de suerte y mucho trabajo, estas poco más de cien palabras que siguen seran el gérmen de mi cuarta novela. El personaje principal, Quiroga, es un viejo conocido. Veremos. Salud!)

En los cuatro casos fue igual.
Quienes estaban a unas cuantas butacas, en los alrededores, llegaron a oír apenas un estertor, un gemido ahogado y un poco ronco. Los que estaban más cerca pudieron, incluso, escuchar el sonido del líquido espeso al brotar y caer sobre el suelo sucio y el asiento de cuerina. Pero en esas salas nadie hace caso de esos ruidos.
Después, como es costumbre, vieron a uno de los dos hombres, el que estaba inclinado, levantarse apurado y dejar el lugar.
Nadie notó nada extraño, nadie escuchó nada extraño.

Nada.

Pero en menos de una hora, Buenos Aires tenía cuatro nuevos asesinatos. Cuatro tipos degollados, mientras en las pantallas -erecciones enormes, siliconas inconcebibles- las películas seguían rodando en continuado.